martes, 20 de octubre de 2009

Senderos de Gloria ó ¡Jrande cona que me botou!



No era un cobarde.

Eso pensaba mientras el oficial avanzaba sombrío y ceremonioso.

Él le esperaba firme, impecablemente vestido y con toda la angustia invadiéndole la garganta.

No era un cobarde. No le gustaban las armas ni la guerra. Nada más. Eso intentaba explicar a los guardias civiles que fueron a buscarlo a su casa, mientras Pilar lloraba y preguntaba retóricamente qué iba a ser de ella si se llevaban a su marido.

A los guardias les importaba un bledo.

-¿Es usted Abelardo Sarmiento, si o no?

-Si. Pero non ven a miña muller. Eu ir iba pero isto vaina matar. Miren axentes da Beneplácita, ostedes van alí e dinlle á vuecencia do xeneral que logo de mata-lo porco xa eu vou pra lá e inda eille levar un bo xamón dos que…

- Dejate de lerias Abelardo. Nosotros cumplimos órdenes. Vas tener que venir con nosotros porque no fuiste alistarte antes ¿comprendes? Si no vienes van decir que eres un cobarde y va ser peor para ti ¿comprendes?

-Pepe, ¡qué coño tienes que explicarle nada al lelo este! O se viene por las buenas o lo hostio...

-Bueno xa vou carallo. Non chores Pilara mi amor. Vou pejar catro tiros e xa logo volvo.

Lo mandaron al frente.

Al peor.

No era un cobarde pero allí la vida no valía nada y él no se hacía a la idea de tener que dispararle a alguien y mucho menos a alguien que casi hablaba su mismo idioma. Así que con el paso del tiempo se las ingenió para que la guerra no fuera con él. Le ayudaba que el largo asedio había hecho que se relajara la disciplina y así podía pasar desapercibido cuando remoloneaba en las trincheras, o se escondía aprovechando el tumulto en los ataques y esperaba el regreso de sus compañeros para mezclarse y aparecer sudoroso y tiznado como si hubiera pasado una experiencia horrible. Otras veces cuando corría la voz de que iba a haber alguna escaramuza se frotaba muy fuerte los ojos abiertos con cebolla y así se ganaba una temporadita en la enfermería.

Estas y otras muchas artimañas lo fueron librando de tener que disparar un solo tiro.

No lo hacía porque fuera un cobarde si no porque pensaba en qué sería de su Pilar si le llegaba metido en un ataúd y, bueno, la verdad, porque la vida le gustaba a rabiar; le gustaban las tabernas y los vinos que compartía y jugar a las cartas con los amigos, le gustaban las mujeres incluida la suya y le gustaba pasear charlando con este y con aquel.

Aquel día se sospechaba que se daría la orden de atacar y ganar posiciones costara lo que costase ya que el enemigo avanzaba tanto que ya era cuestión de días que cayera la plaza que ellos defendían. Así que iban a echar mano de todo aquel que pudiera tenerse en pie para el ataque final.

- Jrande cona que me botou, Abelardo, hai que facer aljo, Carallo, que non saes vivo de eiquí, cona…

Tenía los pies planos; eso no le sirvió para librarse del ejército pero le iba a ayudar ahora. La noche anterior ya les habían dado instrucciones de cómo iba a ser el ataque así que se presentó voluntario para la guardia y se llevó un poco de cal y algunos guijarros. Se comió la cal, introdujo las piedrillas en las botas, se las calzó y se puso a hacer la ronda a paso muy vivo de un lado a otro. Después de tres horas estaba ardiendo de fiebre y con los pies en carne viva y sanguinolenta. En ese momento salieron los oficiales dieron las últimas instrucciones, arengaron a la tropa y dieron la orden de atacar. Él esperó al final y salió del parapeto renqueando y gritando como si se fuera a comer a alguien y de pronto, cuando impacto la primera carga de mortero cerca de él, se dejó caer como un fardo de tal forma que nadie pudiera ver que se quitaba las botas; así tumbado empezó a bracear y a pedir socorro. En el puesto de mando sólo se habían quedado los que casi no se podían mover por estar heridos o enfermos y estos eran los camilleros que fueron a buscarle al descampado. Tardaron bastante pues casi no podían con la camilla. Cuando los vio llegar a su altura empezó a gemir y a encomendarse a vírgenes y santos, llamaba a su madre como si se fuera a morir. Uno de los camilleros toco su frente y su rostro y comprobó que estaba ardiendo y al echar un vistazo a sus pies ensangrentados le dijo al otro:

-Este hombre esta muy mal hay que llevarlo a la enfermería de inmediato.

Abelardo suspiró aliviado. Solo ciento cincuenta pasos mal contados y a salvo.
A duras penas consiguieron subirlo a la camilla y aun más penoso era avanzar. De pronto se escucharon ráfagas de metralleta y las balas empezaron a zumbar a su alrededor, el enemigo había roto el frente y avanzaba disparando, tan cerca que se podían oír sus gritos de rabia.

- Me cajo en ninjún dios Correde, carallo, que nos desgracian vivos eiquí.

Pero aquellos pobres hombres no podían más. Él no estaba dispuesto a morir allí así que se levantó de la camilla y empezó a correr descalzo y ensangrentado como alma que lleva el diablo. Los camilleros quedaron paralizados y atónitos preguntándose cómo un hombre con aquellas heridas podía correr de esa manera. Fue lo último que pensaron.
Él los vio caer por el rabillo del ojo. Siguió corriendo y su ansiedad por llegar al puesto de mando crecía hasta cortarle la respiración.

-¡Corre Abelardo, corre!

En ese momento sintió como le quemaba la pierna y un dolor agudo le paralizó.

Cayó de rodillas y todo a su alrededor se apagó.

Tenía a aquel oficial enfrente, sombrío y ceremonioso, quería decirle que no era un cobarde, que la guerra no era para él ni para nadie pero sabía que no le dejaría decir nada. Esta vez no iba a poder librarse. Todo estaba dispuesto ya. Cerró los ojos justo cuando el oficial le gritaba tan cerca de su cara:

-Abelardo Sarmiento… por el valor demostrado en el campo de batalla le impongo la medalla al valor con distintivo naranja.

¡Enhorabuena soldado!

No era un cobarde pero qué culpa tenía él de que necesitaran un héroe para tapar aquella carnicería. Además esa medalla lo llevaba en volandas a su pueblo y ya veía a su Pilar, la taberna, los amigos y hasta las cuarenta cantadas.

Hubiera llorado pero no estaría bien. Al fin y al cabo era un soldado.






Todo aquel que va a una guerra y a los cinco minutos no ha desertado corre un muy alto riesgo de morir como un gilipollas o como un héroe y la diferencia es tan sutil que no merece la pena quedarse a averiguarlo. Y si no me creeis mirad este video:

9 comentarios:

El BLOG DE LOS SARMIENTO dijo...

Bueno esto es un homenaje un poco cínico pero para empezar vale bien.

Venga animaros.

"El Carlitos"

El BLOG DE LOS SARMIENTO dijo...

AY DIOS, ESO TODO LE HA PASAO AL ABUELO????????
PORFI, PRIMO, POR EL PODER QUE TE OTORGAN LOS AÑOS VIVIDOS, INSTRÚYENOS...
ME SACAS DE SUS ANÉCDOTAS EN EL 600 Y NO SE NÁ DEL ABUELO
GRACIAS PRIMO, ME HAS HECHO PASAR UN MOMENTO CHULOCHULO, TE LEÍA Y ESTABA VIENDO AL ABUELO, VIEJO, COMO LO RECUERDO, PERO VESTIDO DE MILITAR...

MÓNICA

javier master dijo...

hola soy javier

javier master dijo...

Llevo intentado publicar un comentario hace tiempo y por fin lo consigo, que torpe. Buen inicio de blog, no sabia la anecdota del abuelo. saludos.

Unknown dijo...

Hola, soy Pili. Pues yo pensé que el viernes había colgado un comentario pero se ve que no... Yo recuerdo a mi madre contar la anécdota de cómo el abuelo se libró de la guerra pero esta versión literaria me gusta mucho más.. La realidad a veces entorpece al imaginario familiar

El BLOG DE LOS SARMIENTO dijo...

Hola primos!! Qué gran idea esta del blog, Carlitos tú sí que te mereces un homenaje... por cierto esto del abuelo tampoco lo sabía yo y eso que soy de las viejetas, ejemmm, como dice Mónica yo sólo me sé las anécdotas del 600..... QUE SON BUENISIMAS!!

El BLOG DE LOS SARMIENTO dijo...

Se me olvidó identificarme...bueno un fallo lo tiene cualquiera que esto todo es nuevo para mí, que lo sepais

Marian

De_Kai_Miento dijo...

"El Carlitos" dixit:

Bueno, ya estoy de vuelta y veo que os vais animando, esta bien, pero ahora hay que participar. He empezado yo con un relato que se me ocurrió hace tiempo y que ya había publicado con anterioridad en mi otro blog y que, como podeis suponer, es una historia de ficción. La historia tiene cosas que, como bien dice Pili, nos contaba nuestra madre y anécdotas que contaban los tios y el mismo abuelo. Las historias se van "enriqueciendo" con el paso del tiempo y seguro que la mitad de lo que recordamos es hoy pura literatura, pero eso es lo bonito de todo esto, que vayamos aportanto nuestra visión y nuestra imaginación a los recuerdos y los vayamos compartiendo como un tesoro de la memoria. Así que venga, ya le estais dando a la máquina de escribir que esto tiene que ser algo dinámico y participativo. Cualquier duda que tengais el "gurú informático" (individuo que parece ser que existe pero que yo no conozco) os la resolverá... o no, ya veremos.
Un grandísimo abrazo para todos.

mariangeles dijo...

Hola a todos, soy Mariangeles de Venezuela, no saben que alegria me dio poder leer todo lo que escriben, estaba justamente com mama y papa y se han emocionado los dos, yo tambien conocia la historia ya que mama la ha contado varias veces y me parece estupendo que comiencen esta pagina con nuestro querido abuelo, es maravilloso leer sus experiencias con el ya que ustedes lo disfrutaron, tanto Jose Manuel como yo estuvimos muy poco con el, pero los recuerdos y las historias no solo de Mama sino tambien de Papa han enrriquecido ese recuerdo. se que estoy muy lejos pero no saben como me gustaria ir y estar con ustedes un tiempo aunque fuera poco. hace un tiempo atras nuestras fechas donde nos reunioamos eramos solo nosotros 4 y porsupuesto los recuerdos eran inevitables, con el tiempo ya Jose y yo casados y con nuestras familias respectivas, aunque pequeña, ya estabamos mas acompañados.
Los tiempos pasan y como dice Carlitos nunca es tarde, este seguramente es el mejor momento por que sabemos lo importante que es una familia por que todos la tenemos y seguramente al pasar de los años nuestros hijos les encantara.
Un beso a todos mis recurdos estan presentes como si fuera ayer, aunque se que todos ya se que estan viejitos ja ja ja ja igual que yo